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Este febrero se cumplirá un año de que el coro Núñez de Arce decidiera reorganizarse para afrontar la que finalmente sería su última etapa. Para ello, primero nos reunimos en San Rafael (Segovia) para afrontar unas sesiones intensivas de ensayo que dieron pie a, incluso, ofrecer una actuación.

Queremos recordar esos días ahora que el Ateneo Coral retoma esa práctica con su próximo desplazamiento a Palencia con idéntica intención.


Coralistas a la hoguera…De San Juan. 

    A coger el trebole, el trebole, el trebole 
   A coger el trebole la noche de San Juan.

El fin de curso estaba próximo, muchas horas de estudio, muchos exámenes muchos agobios. No hay tiempo vital para nada.

Esta cancioncilla infantil se volvió machacona en nuestros ya cansados cerebros cuando conocimos el destino del viaje fin del curso coral. Sonaba y resonaba a la vez que una sonrisilla iba alegrándonos la cara. 

Y allá que nos marchamos el sábado 23 de junio, no muy tempranito porque el día anterior habíamos tenido un Concierto Benéfico en la bonita parroquia de Santa Marina de la vecina ciudad de Palencia, a beneficio de la ONGD Puentes (22 de junio de 2018) . 

Primera parada en la villa de las 3 mentiras: Santillana del Mar.

Cierto es que no es llana porque está rodeada de pequeñas ondulaciones, y no tiene mar, aunque está apenas a 10 kilómetros de la costa. En cuanto a lo de "Santa" no estoy muy de acuerdo, porque un grupo de monjes, en la Alta Edad Media, construyó en estas tierras una ermita donde proteger las reliquias de una mártir llamada Juliana. Años después, aquella primitiva ermita se transformó en un monasterio y en la fenomenal Colegiata de Santa Juliana de donde la villa tomo el nombre del centro religioso: “Sancta Luliana” (nombre que más adelante derivaría en “Santillana”). 

Paseamos por calles empedradas con multitud de regias casonas, muchas de ellas transformadas en restaurantes, hoteles con encanto. Y tiendeo variado.

Cuenta una historia de que quien va a Santillana y no se bebe un vaso de leche de vaca (de esa que deja bigotillo blanco) con un bizcocho, no se casa. No sé si por la leyenda o por el hambre, pero fuimos dejando un rastro de miguitas de sobao por nuestro recorrido. 

De ahí directamente a un lugar pintoresco cuyo nombre Cóbreces se cree que deriva del celta, Caoprices, Kaobreces. Con una de las playas más singulares de la región, y allí que nos fuimos. Por un momento recordamos la recomendación materna "¡Protector, que ahora el sol quema!". Seguro que lo dejé a mano. Pues no. Está allá, al fondo, escondido tras la última chancla. Una aplicación rápida y, con el bocata en la mano, nos dimos cuenta de la preciosidad de la playa, un mar precioso con una arena blanca y fina que se adhirió a nuestra piel embadurnada de crema solar y a nuestros bocadillos rompiendo el momento bucólico. 

Después de comer directos al Albergue Viejo Lucas, registro y hay que prepararse para el concierto. Todos guapetones y azulones salimos dirección Torrelavega, a La Iglesia de la Virgen Grande que llama la atención por los materiales en los que está construida. Es de hormigón armado y la cúpula estrellada tiene los nervios de ladrillo. Algún graciosillo diría que como nosotros antes del concierto...

Concierto, tras el cual ese momentito de gloria mezcla de satisfacción y alivio, con esas emociones propias junto con las de las personas que se acercaban a darnos la enhorabuena. 

Y vuelta a la playa, ahora con un aspecto muy diferente de la mañana, la noche de San Juan, la noche más corta del año y también la más mágica. La leyenda cuenta que San Juan Bautista nació el día 24 junio y lo hizo protegido por unas energías mágicas provenientes del solsticio de verano. Hay que aprovechar esta noche tan especial para atraer la suerte realizando diferentes rituales. El mas popular está directamente relacionados con el fuego, quemar en la hoguera una lista de las cosas negativas que quieres que salgan de tu vida. Otro es bañarse completamente desnudo y dando la espalda a la luna, los coralistas decidieron, no por cobardía sino por prevención, no exponerse a un catarro pues hacia bastante" rasca" 

Afanosos coralistas apilaron la madera , prendieron el fuego y los demás nos sentamos por donde pudimos a cenar nuestro siempre presente bocadillo y a mirar, por fin las llamas prenden , hacía frío, nos apretujamos un poco, No hay caso, hay que moverse , y demás somos un coro , hay que cantar; Fernando , Nao y Andrea  dirigen una improvisada sesión de minidisco playera…. ¡Felicidades chicos! conseguisteis que nuestras neuronas procesaran cambiar " Donna Nobis" por otra advocación mariana : "Macarena", a la que siguieron Saturday Night y otras por el estilo que entre la descoordinación motora por el frío y por la risa, calentaron la noche.

Ya de madrugada volvimos al hotel, cansados pero felices, la magia sigue, sin demasiados miramientos atacamos la cama sin dar mucho tiempo a pensar sobre su comodidad. 

Un sonido peculiar nos saca del sueño, el oído urbano de los coralistas trata de descubrir qué pasa, dónde estoy, qué hago aquí. El sonido se aproxima y poco a poco perciben más. Los cencerros de las vacas del prado próximo. Un gallo que canta como un poseso, un gato al que le deben de haber pisado el rabo… y como culminación de la sinfonía mañanera, las campanas de la iglesia. Lentos, torpones, adormilados, como encogidos por la humedad de la noche y con la voz de aquella manera hay que levantarse. 

Desayuno, recogida de bártulos y dirección Santander, tan bonita ella, para un rapidísimo paseo y seguir ruta hasta el Parque de Cabárceno, en el macizo kárstico de la Sierra de Peña Cabarga. Un espacio de 750 hectáreas en las que viven, en semilibertad, un millar de animales de especies salvajes de todo el mundo, algunas en peligro de extinción. 

Preparados con gorra, crema solar y bocadillo. Un rápido vistazo al mapa y a los horarios de los espectáculos y para dentro. A partir de aquí cada uno vivió su propia aventura. Tigres adorables, con aspecto de tiernos muñecos de peluche hasta que abrieron la boca, momento en que desapareció la ternura y la adorabilidad. Llamas de elegantes cuellos y con muy "mala baba “, en el sentido literal, ya que escupían ante el mínimo intento de aproximación. Montañas peludas, bañándose, en forma de oso. Hipopótamos " bop-bopeando" a modo de saludo. Tras varias horas de safari divertido y muy entrañable, a media tarde vuelta a casa.

Momentos Mágicos e inexplicables. 

Acabada la crónica mas o menos oficial hay que pararse a pensar sobre aquellos sucesos que no tiene una explicación racional. ¡El Duende!, Esta claro que a la mayoría nos pareció verlo por el rabillo del ojo, jugueteando por encima de las llamas, solo su presencia entre nosotros podría explicar la desorientación que sufrimos algunos en los pasillos de la sacristía de la Virgen Grande. La alucinación vivísima y real que tuvimos de un árbol andante, bamboleando sus ramas y acercándose a la hoguera hasta que descubrimos los pies del coralista que lo trasportaba. ¿Cómo es posible que ninguno pudiéramos encontrar ni un trébol en el camino de regreso al hotel? Podríamos también hablar sobre la inhibición sensorial colectiva del sentido del gusto. ¿Cómo se puede explicar que la leche del desayuno no nos supiera a nada? Extraordinario nuestro " coralista que susurraba a las cebras", que, a pesar de la proximidad a estos animales, no recibió ni una coz ni un mordisco...  
Con Duende o sin Duende lo cierto es que una vez más disfrutamos del lugar, de la compañía y de la música. Como siempre un cariñoso adiós a los que, por diversos motivos, tienen que archivar la carpeta de las partituras. La música nos trae y la música nos lleva.
Hasta la próxima… ¡Pero ese será otro cantar!



                                                   
                                                                                      Julia Anisimov Rodriguez
(Fotos: Álex Hernández Salgado) 


Adonde la música nos lleve…

Para ti, coralista, ya seas coralista activo, excoralista o futuro coralista.

Para que recuerdes este maravilloso viaje o para que te sientas parte de el.

Esta reseña va para todos aquellos que disfruten cantando y no es un reportaje cualquiera. No pretende ser una información turística que se encuentre en cualquier guía; vamos a mostrar las vivencias, las emociones y todos aquellos momentos que hicieron de este viaje una experiencia inolvidable.

Tras meses de especulaciones, la tarde del 4 de abril de 2017 comienza nuestra aventura. Tenemos por delante catorce horas con destino Paris.

Pequeña parada cerca de la frontera en San Sebastián para cenar. De Nuevo en el autobús, sesión de cine a cargo de Raúl Melero y Alex Hernández sobre el anterior viaje a Coímbra. El Mondego se iba transformando lentamente  en el Sena.

Día 5 de Abril de 2018, Un despertar, bostezos, nos desperezamos… Estamos en  los Jardines de Luxemburgo y empezamos a andar......todo el Barrio Latino, pasamos La Sorbona, la librería Shakespeare &CO, Notre Dame, la Tour St Jacques y alto  en el  centro Pompidou, en Les Halles, para comer, unos, cómodamente, un crepe y otros, en la calle, defendiendo sus bocatas del ataque de las voraces palomas.

Nos recogió el bus e hicimos una gran visita panorámica que terminó a las 6 en Montmartre. No podremos olvidar lo bonito y sereno del Sacre Coeur y la esencia tan especial de Montmartre.
48 horas después, necesitábamos una cama en condiciones, la del Hotel Campaille Bagnolet.

Al día siguiente (6 de abril 2018) nos fuimos temprano a Versalles, Buen tiempo para pasear  por los jardines, hacer fotos,....comimos en los preciosos jardines, cosa terminantemente prohibida. Tal vez por la mala conciencia de este hecho, le dedicamos un pequeño  concierto espontaneo  de despedida.

Por la tarde nos esperaba la Torre Eiffel, con las típicas fotos en el Trocadero y un estupendo paseo en barco por el Sena y sus puentes,  cantando, riendo…Un momento inolvidable. La cena en un autoservicio de la Rue Rivoli, con un intento inútil de hacer percusión con los vasos de plástico.

El siguiente día el 7 de abril de 2018,  lo llamaremos” París a pie”: No paramos de andar hasta caer rendidos en el restaurante del Arco de Triunfo. Comenzamos por los puentes del Sena. Para los que, como yo, tengan nostalgia, les diré (con voz teatral y grave): En alguna barandilla, hay un candado con un corazón que no se olvida de nosotros, donde reza “Coro Núñez de Arce 2017 . Cada oveja con su pareja”.
En el Pont des Arts, conocimos a un simpático acordeonista callejero, le regalamos “Signore delle cime”. Nos despedimos para entrar al Louvre, y partiendo de las Tullerías recorrimos los campos Elíseos; comida en la preciosa plaza del Palais royal, y de ahí a la Madeleine y finalmente a la ópera Garnier. Paseo hasta la Place de L´´Etoile y, por fin nos sentamos a cenar.

Nuestro querido conductor del bus nos tenía preparada una sorpresa para despedirnos  de París. Recorrido  Panorámico nocturno y final en el Trocadéro, la plaza en alto que domina sobre la torre Eiffel que nos dijo adiós llena de luz y un "volved pronto”.

Y amaneció el cuarto y ultimo día en Paris: Llamémoslo “día Disneyland”.

Visitamos las dos partes en que se divide el parque, para todos los gustos: Atracciones o devoción por los Estudios cinematográficos, fue un final de cuento de hadas
Inevitablemente  nos montamos en el autobús para otra inolvidable noche viajando, contentos, disfrutando hasta el final.

Crónica Bruja.

Tomas falsas: Anecdotario.

Momento Pompidou: Comentando entre risas el destartalado aspecto del susodicho edificio, un circunspecto viandante nos fulmino con la mirada. ¡Si las miradas matasen…!

Momento sobrenatural: En el Telf de una coralista aparece, una extraña grabación de media hora de duración exclusivamente con los techos del palacio de Versalles, con alguna que otra psicofonía admirativa.

Momento histórico: Localización en el Museo del Louvre de la Esfinge de Tanis.

Momento pánfilo tecnológico: Se ha de señalar  la incompresible tecnología  de los W.C. parisinos, que nos  puso en más de un apuro.

Momento Nocturno (1): Fiestuqui con única coralista en pijama, con chanclas y calcetines blancos. En la Terraza confraternización  entre coralistas y, según fuentes fiables, guapísimos franceses.

Momento nocturno (2): Coralistas disléxicos  casi crean conflicto  internacional. Dos coralistas intentan localizar a un tercer coralista en una habitación con los mismos números pero diferente orden. Tras llamar insistentemente a la puerta, les abre una japonesa ajena al grupo. Salen huyendo.

Momento “Yonoquiero”: Persona “Clave”, se equivoca sospechosamente de puerta de salida, en un fallido intento de no subir al bus para el viaje de regreso.
Y para finalizar:

Momento poeta de Raúl Melero: “De París guardo mucho recuerdos. Los que no faltan en cada viaje, los de la convivencia con los coralistas. Algunos de ellos más habituales y otros a los que no llegas a conocer a lo largo del curso hasta que no llega el viaje. Recuerdo algunos momentos, como cuando asomamos la cabeza en un muy curioso bar próximo al Sacre Coeur donde un pianista interpretaba Le Poinçonneur des Lilas, de Serge Gainsbourg. O cuando pasamos cerca del Olympia, donde se celebraron conciertos tan memorables como los de los Beatles, o más recientemente Joaquín Sabina, y donde se grabaron discos en directo que figuran entre los más clásicos, como el del cantautor español Paco Ibáñez en el 68, o el del cantante y guitarrista Jeff Buckley, que registró el mismo Hallelujah de Leonard Cohen (y se equivocó en la letra) que tantas veces hemos cantado. Pero lo principal, como en cada viaje, son los momentos que compartimos y en los que los lazos que nos unen como coro se vuelven más fuertes.”

Y Momento topicazo: La voz ronca de Doolew Wilson cantando "As time goes by" mientras Humphrey Bogart e Ingrid Bergman recordaban…
"Siempre nos quedará París".

Muchas gracias a todas las personas que han hecho posible esta fantástica experiencia y a todos aquellos que habéis aportado vuestro recuerdo para la confección de esta historia.
                                                                                                                              
                                                                                                                    Julia Anisimov Rodíguez

Coímbra y el Mondego (Foto: Alex Hernández)
En cada viaje del Coro Núñez de Arce, se viven momentos mágicos y se siente la música no solo con la voz, sino además con todo el cuerpo y la mente unidos.
Jantares (Foto: Alex Hernández)

Este año, hemos ido a Coimbra, ciudad bellísima de Portugal, donde cada momento ha sido algo mágico, y donde se respiraba música, en el agua del Mondego, la vegetación abundante que nos acompañaba en cada rato de carretera y por encima de todo, en la sonrisa de las personas que allí viven.

El jueves  21, comenzamos viaje colocando maletas y coralista por asiento, asegurándonos de que todos estuviéramos ya montados, "no vaya a ser, que nos dejemos alguna oveja descarriada" como muy bien advierte Charo. 
Llegando hasta Portugal

El trayecto se amenizó con videos de anteriores viajes y con emotivas palabras de compañeros que ya dejaron nuestro coro o que no pudieron acompañarnos en tan enriquecedoras aventuras.

Hicimos una parada en Ciudad Rodrigo para comer, donde comenzaron las astutas fotos de nuestros paparazzis, mientras comenzaba el reportaje de otro futuro video de coro.

Llegamos al albergue, todo para nosotros, con su encanto rural y rodeado de naturaleza (desde césped, hasta tiendas de campaña). Allí nos recibió Alejandro, una persona muy amable que nos ayudaría a acomodarnos, y no solo eso, sino a hacernos sentir como en casa. 

Tras dejar nuestras maletas, procedimos a nuestro ensayo del día antes del concierto, "sin forzar demasiado, pero dando la nota".
Gran agitación en el albergue de Mira (Foto: Raquel Gallego)

El viernes 22, salimos del albergue tras un contundente desayuno, recorrimos la distancia que separa Praia do Mira de Coímbra con unas vistas preciosas repletas de vegetación y respeto por la naturaleza. 

Al llegar a la Escola José Falcão, fuimos recibidos por el director y el docente de español, los cuales nos enseñaron muy amablemente una sala de exposiciones de proyectos artísticos para los alumnos, su patio ajardinado (con limoneros y naranjos, además de esculturas con material reciclado), su aula de ciencias, comedor... hasta llegar al salón de actos. 

En este espacio pudimos dar un buen concierto, arropados por los alumnos portugueses, entre los cuales la mayoría estudiaba castellano y algunos iban a visitar Madrid.

En la escola secundaria José Falcão
Entre obra y obra, Charo comentaba algún que otro agradecimiento y dato a tener en cuenta como la unión de la Península y su representación gracias a "Dindirindín" y a Inés de Castro; o con el recitado de varios compañeros de poesía portuguesa, la escenificación de "Can you hear me" y la interpretación de "Saudades de Coímbra", un fado típico de la ciudad, por lo que aplaudieron y disfrutaron mucho nuestros amables espectadores.

Tras el concierto, visitamos el Jardín Botánico del lugar, donde pudimos comer tranquilamente y ver diferentes tipos de árboles, escuchar los pájaros y ver los peces de las fuentes. Fue un momento muy agradable y lleno de música, pues el viento también canta. 

Por la tarde pudimos, de la mano de nuestro guía Pedro, visitar la famosa  e histórica Universidad de Coímbra. Conocimos el Patio principal con sus vistas al rio y la escarpada ciudad, además de sus pintorescos alumnos, todos ellos uniformados (cada uno del color correspondiente a su carrera) y sus negras capas. Algunos de nosotros tuvimos la suerte de probar como sentirse con ellas puestas. 
Viajando en el tiempo con la ciencia (Foto: María Gil)

Vimos a su vez, la Biblioteca Joanina del siglo XVIII, con una riqueza artística y cultural (consta de más de 250.000 volúmenes) incalculables. Después pasamos a la Capilla de San Miguel del siglo XVI, con un marcado estilo manuelino y un inmenso órgano barroco. 

También cabe destacar la visita al interior de la facultad de Derecho y de Física, con una interesante exposición de instrumentos científicos históricos. Pudimos cantar varias veces (en la escalera principal y el salón de grados), arropados por quien allí estaba. 

Como dato curiosos, pudimos conocer las cárceles donde los alumnos debían pasar algún tiempo si infringían las normas de la universidad de: -"A la universidad se viene a estudiar".

Después tuvimos la suerte de poder disfrutar del FACTOR SORPRESA, un paseo en barco por el Mondego, y a pesar de las reticencias del capitán por lo difícil de maniobrar con tanta corriente, pudimos acomodarnos y cantar con mucho gusto atravesando las aguas de tan brillante rio.  Disfrutamos del suave balanceo del barco, de la luz del sol ya cayendo sobre la verde orilla y de las vistas de la ciudad con sus blancas y empinadas casas. 

Tras bajarnos de nuestra sorpresa, pudimos caminar por la ciudad y descubrir cuestas arriba y abajo, pudimos sentir la energía vital y alegre tanto de los muros de las casas como de su sonriente gente. 
Nos despedimos de la ciudad tras ver atardecer frente al rio, y emprendimos viaje de vuelta al albergue con un regusto a vida en las partituras. 

Despidiéndonos de Mira Lodge Park
Por la noche, disfrutamos de los "Choralist awards", donde tanto coralistas (jóvenes ovejas y veteranos pastores) como generosas acompañantes (Charo Parte, Gloria y Elena), pudimos pasar un rato muy divertido entre juegos, risas y premios.

El día 23, nos despedimos del albergue y sus amables huéspedes que con tanto cariño nos habían tratado. Contemplamos el lago cercano, momento estupendo de hacer alguna que otra fotografía junto al agua. 

Con la orquesta joven de Mira
Fuimos al pueblo para conocer la Filarmónica Ressurreiçao do Mira y a su encantadora directora. Allí pudimos emocionarnos con un ensayo de pequeños cantantes (algunos de ellos de 3, 4 o 5 años) y jóvenes músicos, para el día de la madre. Es alentador ver cómo la música mueve a tanta gente, creando puentes y abriendo puertas al corazón.  Como dice Charo: -"Quién sabe dónde iremos a parar, son las personas las que nos llevan a los sitios".

Tracción & atracción en la playa de Mira (Foto:María Gil)
Después fuimos a la playa de Mira, para poder disfrutad del Atlántico. Allí entramos en un centro de interpretación de la historia de los pescadores de la zona, vimos como los tractores traían de vuelta las barcas tras la faena (hay tanta corriente que de no ser así, los pescadores irían mar adentro) y cómo seleccionaban la pesca. 

Algún que otro valiente, se atrevió a meter los pies en el mar, pues el día acompañaba y mientras en Valladolid llovía, en Coímbra disfrutábamos de un sol esplendido. 

Comimos tranquilamente, algunos  marisco, otros corrieron a montar en los patinetes del lago, cada uno hizo lo que más gustó; pero una cosa era común a todos, NOS QUERÍAMOS QUEDAR EN MIRA.  

Tuvimos nuestras tentativas de no montar al autobús, pero al final desistimos del plan. Emprendimos de nuevo el viaje, pero esta vez de vuelta y dijimos adiós a un lugar precioso, con muchos momentos mágicos y mucha emoción, tanto para aquellos que cerraban un ciclo en el coro y por tanto terminaban con su último viaje, o para aquellos que se embarcaban por primera vez en una aventura de tal calibre.

MUITO OBRIGADO COIMBRA E MIRA¡


Laura Cocho





Coímbra & Mira 2016 (Foto: Alex Hernández)
Coro al buen jantar, o al jantar de circunstancias (Foto: Alex Hernández)
Instantáneas en la laguna (Foto: María Gil)
Laguneando (Foto: Alex Hernández)
Band on the run en el muelle (Foto: María Gil)
Paseíto por Coímbra (Foto: Alex Hernández)
El patio de la monumental Universidad de Coímbra (Foto: María Gil)
La banda del patio de la Universidad de Coímbra (Foto: Alex Hernández)
A girl with kaleidoscope eyes (Foto: Alex Hernández)
Con Pedro, el guía, en el aula de prácticas de ciencias (Foto: María Gil)
Minerología, geología y coralista de la edad de piedra (Foto: Alex Hernández)
Coro en singular contrapicado en las escaleras de la facultad de ciencias (Foto: Alex Hernández)
Estampa del río Mondego y el puente Europa (Foto: María Gil)
Grupo después de navegar el Mondego, al que tanto hemos cantado (Foto: María Gil)
Coímbra hacia arriba (Foto: María Gil)
Coímbra y su Mondego (Foto: Alex Hernández)

Coralistas al crepúsculo (Foto: Raquel Gallego)

Anochece en Coímbra (Foto: Raquel Gallego)
The Beach Boys (Foto: Alex Hernández)
Gaviotas a go go (Foto: Alex Hernández)
Un coro cayó en la arena, ay en la arena cayó mi coro (Foto: Alex Hernández)
Mirando al mar soñé... (Foto: Alex Hernández)
Puente Europa sobre el río Mondego (Foto: María Gil)